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5 de julio de 2007

Economía y actividad inmobiliaria en la ciudad informal

Una de las discusiones más profundas y de gran actualidad es la de la conformación de la ciudad informal como mercado y qué tanto los programas de mejoramiento de barrios cumplen una función en este sentido: ¿Se puede hablar de las viviendas de origen informal como mercancías que participan dentro de diferentes mercados y submercados, a pesar de sus elevados costos de producción, o como dinamizadores de otros mercados de bienes y servicios relacionados con la construcción?. Y, frente a una ciudad informal localizada en áreas centrales, cabría preguntar si ¿representa más valor la construcción, o el suelo urbanizado, o las redes que se han tejido hacia equipamientos? Y, en ese caso, ¿qué es lo que constituye mercancía? Y en ese sentido, ¿se deben considerar los programas de mejoramiento de barrios, vengan de las administraciones locales o estatales y la profusión de programas de generación o apoyo a las mipymes como una preocupación del Estado por mejorar las condiciones de vida de la población o como una forma de adaptación de la producción (de suelo o a través de maquilas) a las condiciones exigidas por los grandes poderes económicos (inmobiliarios y de otra índole)?

Así mimo, el crecimiento de la ciudad implica la urbanización de más terrenos, la densificación y la re-urbanización de muchos de sus sectores. En esta dinámica los intereses y negocios inmobiliarios se mueven a diario. Sin importar si el origen de los asentamientos son formales o informales, las transacciones de venta, renta y otras se presentan a través de la oferta y demanda de migrantes intracitadinos y también desplazados. Desde el alquiler de un cuarto hasta la renta de oficinas de alta categoría se promocionan por personas emprendedoras del negocio inmobiliario hasta los conocidos brokers o real state que están respaldados por grandes bufetes inmobiliarios y de la construcción. En medio de todo este mercado se cruzan las líneas de la informalidad y la formalidad. Al incorporarse la legalidad, es decir, la formalidad, los mercados de las transacciones de bienes inmuebles pasan a manos de agencias inmobiliarias con todos los requisitos del caso. La comisión de una transacción o una administración empieza a manejarse en aquellos barrios donde solo escasamente se veía un simple aviso de «se vende». Mientras las renovadas fuerzas de la construcción y la legalidad se juntan a las precarias zonas informales, donde los estratos socioeconómicos se unen en un panorama heterogéneo, los mecanismos verbales de venta y renta pasan a ser parte de las nuevas invasiones o los nuevos barrios ilegales.

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